aceptando “lo que es”

Nos hacemos libres

no por negarnos a aceptar nada superior a nosotros,

sino precisamente al aceptar

lo que está realmente por encima de nosotros.

~ Goethe

La aceptación constituye un paso esencial en el caminar humano.

Sin aceptación, no hay avance.

A veces nos quedamos atascados buscando una explicación a los hechos, tratando de comprender lo que nos sucede o por qué actuamos de determinadas formas, o incluso analizando nuestra historia familiar para encontrar alguna clave a nuestros comportamientos o a los de otros. Todas ellas son formas válidas y comprensibles de actuar. Pero al final pueden no ser sino maneras distintas de detenerse, para evitar seguir avanzando en el camino de nuestra propia vida. Ante ello cabe preguntarnos:

¿Y yo? ¿Quiero avanzar en mi camino?

¿Identifico actitudes que me impiden seguir avanzando en mi propia vida?

¿Acepto la vida, “lo que es”, tal cual es?

Joan Garriga apunta en su libro “Vivir en el alma: amar lo que es, amar lo que somos y amar a los que son” la necesidad de aceptar “lo que es” y rendirnos con humildad a la vida tal cual es.

“El gran amor nos reta a amar no únicamente lo que nos conviene, lo que resulta agradable o querible para el pequeño yo. El amor desprendido, generoso, nos expande en todas las direcciones, principalmente en las que nos llevan más allá de nosotros mismos. Entonces damos el salto desde lo que nos encaja o gustaría a “lo que es”. Y en el gran amor hay retos increíbles. Jesús ya dijo: “ofrece la otra mejilla“. Lo que significa: depón tus armas, confía, entrega y entrégateAlguien se ocupa. Alguien que sabe más que tú.

Entonces ¿cómo amar, en un hijo que perdimos, su muerte, como parte del destino que le tocó? ¿cómo amar, en los que fueron nuestros amigos, sus traiciones? ¿cómo amar, en nuestro cuerpo, su parte enferma? ¿cómo amar, en el mundo, las guerras? ¿cómo aceptar nuestra necedad o la de los quenos rodean, cuando la exhibimos o la exhiben?  La respuesta es: comprendiendoque no hay otro remedio y asumiendo nuestra pequeñez ante el espíritu creador. Rindiéndonos a lo que es, a su incomprensible misterio. Haciéndonos insignificantes para mecernos en los grandes brazos de la vida. Siendo humildes.  (…) las cosas pueden ocurrir y muchas veces ocurren, porque sí, sin obedecer a ningún plan ni propósito, sin explicación alguna. Son azarosas. Simplemente nos han ocurrido porque han ocurrido, sin más. Sin ningún plan divino ni ningún objetivo. Sin apuntar a ninguna diana. Y este es el gran abismo que enfrentamos, que nos devuelve a nuestra pequeñez.

La vida nos desafía con su misterio. La explicabilidad (la necesidad de encontrar una explicación) es una forma de afrontarla, a través de los argumentos que construimos. Otra forma, es la acción justa para intervenir de la mejor manera y cambiarla cuando nos es posible. La última, es la humildad.

El misterio de “lo que es” nos impone, a veces, humildad, y el reto de amar ese misterio para que la vida prosiga con fuerza, por muy arduo que resulte en ocasiones. (…) la humildad nos lleva a reducir nuestro tamaño para darle un gran tamaño a la vida, tal y como se manifiesta (a nuestros padres o hijos, tal y como son), para darle un gran tamaño a “lo que es”, tal y como es.

Al final, el gran reto del amor supone rendirnos al misterio y amar “lo que es”, a pesar de que todavía no adivinemos en ello ningún sentido. San Pablo dijo “Ya no soy yo quien vive, sino Él, que vive en mí“.

Y es que ¿somos nosotros quienes vivimos

o es la vida viviendo a través nuestro?”

 

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